Por si alguien no se ha enterado todavía, en los últimos días se está produciendo un auténtico bombardeo de noticias al respecto de la inauguración de la obra del artista español
Miquel Barceló en la
Cúpula de la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones de la
ONU en
Ginebra, y después de un par de días de soberana reflexión creo estar en disposición de escribir mis primeras impresiones al respecto (y por qué no decirlo, me apetece hacerlo).
Partamos de la base de que me considero muy reacio a incluir en mi (posiblemente muy limitado) concepto de "arte" a un importante número de las obras que he tenido el gusto de contemplar a lo largo de mi vida, por lo que mi opinión probablemente se vaya a alejar mucho de lo que algunos entienden por objetividad (la verdad, tampoco la busco). Así que si eres un enamorado de ese mal llamado (desde mi punto de vista, que para eso es mi blog) "arte contemporáneo" o de la obra de
Barceló, mejor no sigas leyendo este artículo de
opinión (porque eso es lo que es).

Me apetece empezar con una frase del artista
publicada por el diario ABC y que reproduzco textualmente:
«... esta obra es un dripping hacia arriba; tiene mucho de azar, pero hay que saber utilizarlo»
¿
Mucho de azar? Madre mía, eso no hace falta que lo jure. Para el que no lo sepa, este señor se ha embolsado (según cuentan diarios de toda índole política) cerca de
20 millones de euros por pasarse cerca de un año haciendo churros con arcilla (de esos que hacíamos todos cuando éramos niños en la arena de la playa) y pintarlos con una manguera vestido de cazafantasmas. Lo que pasa que el tío dice que son un
mar de estalactitas y queda como Dios.
Lo que está claro es que
Miquel ha sido siempre un enamorado de la mítica
Manos a la Obra. Os juro que si yo llego a saber que la modalidad de "
gotelé extremo" que practica el "amigo" es tan rentable, me habría planteado mi vida académica de manera muy distinta. Eso sí, será un pintor de reconocido prestigio y lo que
nuestro presidente quiera, pero yo a este tío no le dejo pintar ni el buzón de mi casa.
Pero bueno, como todo en la vida el arte es subjetivo y para gustos colores (y nunca mejor dicho). Habrá a quien le guste más y habrá (aquí tenéis a uno) a quien le guste menos. Lo que sí creo que se escapa a toda subjetividad es la lamentable gestión de nuestro dinero que practican las personas que nos gobiernan y que recaudan nuestros impuestos. Estos señores (con
JLRZ a la cabeza) han tenido la genial idea de sufragar cerca de un cuarenta por ciento (vienen a ser así como
ocho millones de euros) del sueldo del "artista".
Ocho millones de euros que además (y según he podido leer) han sacado o van a sacar (no sé si en gran parte o en su totalidad) de los
Fondos de
Ayuda al
Desarrollo (una idea de lo más acertada en los tiempos que corren). Lamentable.
Lo gracioso de todo esto (si es que alguien le encuentra la gracia) es que a mí este hombre me parece un grande. Y alguno dirá... ¿cómo es posible? Pues sencillamente porque el tío estará en este preciso momento de borrachera con sus amigos jactándose de la mierda de techo que le ha salido y de la pasta que los
gilipollas (con perdón) de turno le van a pagar por él. Lo que yo os diga; este tío es un genio.